viernes, 1 de mayo de 2009

Se me acabó el RIN

Imagen tomada de acá
Atardecía y sin novedad, como siempre atardecía. La luz naranja del sol sobre los ficus de la Plaza de Armas, el viento llevándose el polvo de las veredas y las pocas palomas recogiendo los maicillos que alguna viejita arrugadita sentada en las bancas, les echa en el piso.

Mario tenía en sus manos, alineadas y en pila, veintitrés RINes que quería terminar de vender, y también tenía en los bolsillos, dos DDN y un DDI, que eran los que más demoraban en venderse, pero asimismo por lo que más podía ganar, en caso de venderlos.

Mario sabía que no era necesario andar pregonando, ofreciendo o mostrando lo que vendía, como lo hacían los otros vendedores que se paraban en esa esquina de la Plaza de Armas, entre la Grau y la Lima, pero él no. Su manera de hacerse notar era simple, hacía sonar los RINes, cogiendo la pila con una mano y dejándola caer alineada y sonoramente sobre la otra mano, el sonido era característico y rasqueteante. Otras veces cogía la pila de RINes con una sola mano y la movía de arriba abajo con la ayuda de la flexión y extensión de los dedos juntos, haciendo que la gravedad separara y juntara los RINes, emitiendo un rasqueteo más breve y seco.

Dos teléfonos públicos, que se daban la espalda el uno al otro, y que cada uno lucía una anaranjada cubierta redondeada que como una concha a una perla cubría el aparato telefónico rectangular y gris, con su disco marcatorio central y su gran auricular negro con cable plateado al costado.

Alrededor unos cuatro niños como Mario, entre ocho y doce años, y un adulto, esperaban a los usuarios, que para usar la tecnología que permitía comunicarse con cualquier lugar del país y del mundo (siempre y cuando, ese cualquier lugar tuviera un aparato igual), tenían que comprar sí o sí, los RINes, DDNes o DDies, como se dice "al paso".

Y es que Mario y los demás se aprovechaban de la desinformación. A dos cuadras de aquel lugar, quedaba la oficina central de Entel Perú (la única empresa estatal o privada encargada de los teléfonos del país). En ese sitio vendían los RINes, los DDNes y los DDies, a un precio que Mario y los demás duplicaban y triplicaban, dependiendo de la cara de apurado y la negociación regatera del usuario. Era simple y rentable. (*)

Pero así y todo lo fácil que parecía, a los ocho años, para Mario contar con algunos billetes con los cuales comprarse unos chicles, arrocito, algodón de azúcar, manzana acaramelada, jugar fulbito de mano, o simplemente dárselos a su mamá para que los guardase, juntando para un carrito o el gran sueño de Mario: un playgo.

Llevaba ya una gran experiencia (casi dos semanas), y sabía bien a que hora era bueno ir, a que hora no, a quien acercarse y a quien dejar pasar, e incluso decirles que se te habían terminado los RINes, cuando todavía tenías.

Era buena hora, por ejemplo, a mediodía, a esa hora se llamaban a los parientes lejanos y cuando los demás se iban a almorzar, Mario se quedaba a vender, hacían cola para el teléfono y casi no había competencia. También era buena hora a eso de las 6 a 8 de la tarde-noche, a esa hora se confirmaban encuentros amorosos, principalmente, y cosa curiosa, siempre les faltaban RINEs a los enamorados llamantes, compraban uno (que les duraba para hablar tres minutos), pero terminaban comprando dos o tres más, en plena charla, si querer descolgar.

Cuando venía una persona de luto, sabía que iba a querer un DDN o un DDI, eran malas noticias. Igual tenía que vender y lo hacía. En este caso no era agradable ver llorar a alguien mientras le daba un billete en plena llamada. No se sentía bien. En su caso, Mario le vendía a precio de costo, pero le advertía que no tenía mas que una (lo cual era generalmente cierto).
Mario sabía que con las mujeres era incierto, algunas eran muy "buena gente" y le compraban varias monedas sin reclamar, ni chistar, y lo llamaban mientras llamaban y les daba los RINes que después, terminada la llamada, le pagaban. Otras, no pocas, regateaban sobre los precios, se quejaban, amenazaban con denunciarlos, encima no compraban mas que una sola ficha, y si te pedían una "para pagarte después que terminé la llamada", nunca lo hacían, era mejor decir, "ya no tengo". Hubo una mujer joven que le pidió preguntar al teléfono por un tal Pedro, tuvo suerte, pues el mismo Pedro le contestó, y le pasó el teléfono a la mujer joven, en cambio en otra oportunidad, le contestó una señora que me comenzó a interrogar, la lección estaba aprendida y él tenía que decir "el primo Mario, desde Lima", y la gritadera que se oía llamando al supuesto "primo". Era hasta cierto punto, divertido.

Hasta que un día. Llegaron los cambios. Cambiaron los teléfonos. Ahora eran más cuadrados y menos redondos, del discado a las teclas. También cambiaron la moneda oficial del país. La gente ya no usaba los teléfonos con RINes. Vinieron nuevas monedas y hasta una tarjeta electrónica.

El trabajo de RINero había llegado a su fin.

(*) Por más que me esfuerzo, no consigo recordar los precios, eran épocas difíciles para el Perú y los precios no eran nada estables. Todo eran billetes, no había monedas.



8 comentarios:

Janice dijo...

ohhh q pena!
me encantaban los rines
no se cortaban cada fuckin trsminutos

eran ilimitados

wiiiii


besitoss

bye

Jar0k dijo...

¿RINes ilimitados?

De esos no vendía.

Saludos

Milagros Milian dijo...

Jajjaja asi que los vendedores ponian el precio que querian segun la cara del comprador ...jaja.. casi casi como en la actualidad.

Bonito post!


Saludos :)

Milagros Milian dijo...

Una pregunta.
¿Sabes que paso con el blog de Vanessa Saba?

Jar0k dijo...

Creo q Vanessa ha eliminado su blog, harta de los comentarios infelices.

GRacias por la visita.

santiagoMdc dijo...

ya me había olvidado de esas fichas plomas todas feas que sin envargo eran tan queridas xD

la chica de la planta 29 dijo...

cuando era pequeña se me dió por coleccionar rines y ahora no sé qué fue de ellos...
besos

Jar0k dijo...

santiagoMdc, había plomas, plateadas y doradas. ¡Si estaban nuevas no eran feas!

chica de la planta 29, encuéntralos, podrías venderlos a buen precio. ¿o será que fueron usados para una super-llamada?.

Gracias por comentar.